La libertad de decidir.

Dentro de las numerosas acepciones que la palabra ‘Libertad’ contempla, la que más me gusta es la siguiente (RAE):

1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.

A mi edad, prefiero centrarme más en el asunto de la “usabilidad” antes que abordar el tema de la “libertad” desde el punto de vista del software. Me explico: empecé a utilizar linux en la década de los 90, poco tiempo después de que comenzasen a aparecer distribuciones para instalar en los viejos pcs de entonces.

Siendo joven e inexperto, fui madurando instalación tras instalación. Me cambié a BSD durante una temporada. Fui usuario de Slackware unos años, después de Debian. Participé de la comunidad de múltiples maneras: preguntando en los foros, ayudando a otros con algunas cuestiones, desarrollando alguna que otra aplicación, evangelizando, asistiendo a eventos, etc. Sin embargo, el paso del tiempo y la imperiosa necesidad de algo tan sencillo como tener que ganarme el sustento en un modelo sociolaboral como el actual (aunque no me guste), me han llevado a tomar una determinación respecto a la cuestión de “libertad” o de “funcionalidad” y “usabilidad”, sin perjuicio de dicha usabilidad amparada bajo la licencia GNU/GPL o cualquier otra de su tipo, por supuesto.

Pretendo referirme, en esta pequeña reflexión, a que en la mayoría de los casos, el hombre no puede vivir  bajo el concepto de “la libertad del software”, a no ser que te llames Richard Stallman. A muchos de nosotros nos resulta muy difícil cerrarnos en la negatividad de utilizar software propietario basándonos en una filosofía llena de razones pero, que no toma en cuenta o, simplemente pretende dejar a un lado, la realidad de la vida. Es decir, creo que nadie en su sano juicio reniega de un trabajo porque en su empresa le están obligando a utilizar Office, Windows, AIX, etcétera. Es decir, no solo se trata de predicar, sino de predicar con el ejemplo, algo sumamente complicado en materia de uso de software.

Richard Stallman me parece un tipo extremadamente repetitivo. Puede tener más razón que un santo en lo que dice, pero a mí me resulta aburrido. Escuchar a Stallman hoy en día es como haberlo hecho hace 20 años. No cambia en nada su speech, repitiendo constantemente la misma canción una y otra vez. Comprendo que hay gente joven que apenas está descubriendo los conceptos de este mundo sorprendente y atractivo, pero cuando escribo esto, me estoy refiriendo a un punto de vista estrictamente personal, que ya tengo unos cuantos años encima y sé quienes mueven los hilos del tinglado. La libertad, por mucho que Stallman evangelice, estriba en que el individuo tenga el poder de decidir si prefiere convertir sus CDs de audio en el castrante formato .ogg que nadie usa o en el conocido y masificado .mp3, por poner un solo ejemplo que me viene a la mente en este momento (hay muchos más). La libertad de modificar el software es proporcional al conocimiento que tengas para hacerlo y, la mayoría de las veces, a las ganas que tengas de aprender a hacerlo. Por lo tanto, respeto el hecho de que haya gente que prefiera sentar su culo sobre una piedra, símbolo natural, si se quiere, de la existencia del mundo, pero yo prefiero un jodido sofá; elijo pagar por ese sofá al que no me interesa modificar ninguna de sus características a perder el tiempo dándole cincelazos a la piedra hasta que se adapte a mis delicadas posaderas. Así de simple.

Utilizo linux, a secas, precisamente porque soy de la vieja escuela y me importa un cojón de pato si hay gente a la que le molesta que se le llame “linux” en lugar de “GNU/Linux”. El uso del lenguaje tampoco debe de ser impositivo y, lo mismo que los idiomas evolucionan según su uso y costumbre, así lo hacen también ciertas definiciones aplicadas a ciertos conceptos. Y así lo hace en su mayoría, le duela a quien le duela, la comunidad. En este punto, también existe la libertad de poder decidir y expresarse. Utilizo Ubuntu y Redhat porque incluyen software no libre que me facilita la vida, porque me permite seguir utilizando linux incluso en una oficina donde el estándar de facto se basa en software completamente propietario. Utilizo Ubuntu y Redhat porque no me gusta perder tiempo valioso de mi existencia en algo que considero está ahí para facilitarme precisamente dicha existencia, no para complicármela. Utilizo Ubuntu y Redhat porque tengo el derecho a elegir qué utilizar y tengo el derecho de no querer aprender a modificar absolutamente nada. A eso es a lo que yo le llamo libertad,  y lo demás se constituye en un concepto que usa el mencionado término para adaptarlo a su conveniencia.

Me parece excelente que existan filosofías, que se defiendan libertades, que haya personas que trabajen para que el mundo sea un poco mejor cada día, pero no nos confundamos, porque el fanatismo de algunos dentro del movimiento GNU es comparable al de una yihad contra el resto de opciones, donde defienden sus puntos de vista y no respetan el de los demás, incluyendo sus libertades individuales. No me refiero a toda la comunidad, pero conozco unos cuantos que confunden, incluso después de los años, el tocino con la velocidad.

En otro orden de cosas, utilizo Ubuntu y Redhat porque me parecen simples de instalar, me proporcionan todo aquello que necesito de una forma sencilla y, sobre todo, porque me siento cómodo utilizándolos. Y porque la libertad de decisión, para mí, es infinitamente más importante que la filosofía.

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