About me

Me llamo Oscar Manuel Seoane y trabajo como Arquitecto de Soluciones IT para Triara.com en la ciudad de Monterrey, México.

Fui, soy y, probablemente seré un parásito de Unix en términos generales, lo que incluye, como se ha de suponer, los diferentes sabores de Linux que, a nivel empresarial, se suelen utilizar por diferentes razones. En mi caso particular, estos sabores se reducen a Debian, RedHat y SuSE, omitiendo algunos derivados de los mismos que mantienen la esencia principal del padre en cuanto a su administración y paquetes, como es el caso de Ubuntu Server y CentOS.

En mis equipos personales utilizo Ubuntu Desktop y Mac. Me refiero a la actualidad, momento en el que escribo esto, ya que años atrás era casi un Talibán del código abierto, profetizando a todas horas sobre NetBSD y sumergiéndome en las profundidades de Debian cada vez que el tiempo me lo permitía. También fui un activo colaborador del mantenimiento de paquetes de LinEx, aquella distribución de linux basada en Debian que fomentó la Comunidad Autónoma de Extremadura, España. Un proyecto que nació y murió rápido, pero cuyo servidor de paquetes actualizados se encontraba, ¡qué curioso! alojado en San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México.

Con el paso de los años, la vida me llevó por otros derroteros, teniendo que centrarme a tiempo completo en la operación y soporte de equipos SPARC con Solaris 8, 9 y 10. Tuve acceso a monstruosos equipos que me enseñaron un montón de cosas, pero que eran completamente inservibles fuera de ese mundo creado explícitamente para tal efecto.

No puedo quejarme de esta vida tecnológica que me ha dado enormes satisfacciones y enormes dosis de estrés. He tratado de hacer las cosas de la mejor manera y de superarme a mí mismo en la medida de lo posible, no obstante, este mundo infame de bytes y bits, suele pasar factura de un modo u otro.

Retomo en estos tiempos, aquellos que quedaron en el pasado, pero de una forma mucho más tranquila, pues nada tengo que demostrarle a nadie. El fanatismo GNU, GPL, BSD, etcétera, hace ya mucho que pasó a la historia de mi vida. Hoy en día, me considero más un ermitaño de la tecla, que un miembro activo de una comunidad que ha perdido gran parte del interés que me profesaba antaño. Como pasa con la pérfida  religión, hace tiempo que me he dado cuenta de que no necesito ir a misa para creer en Dios.